El 3 de febrero de 2019 y la falsa creencia de que un nuevo presidente puede hacerlo todo solo

Nayib Bukele es el favorito para ganar las elecciones presidenciales este domingo, pero muchos pasan por alto un factor que no reflejan las encuestas: no puede gobernar solo.

David Bernal

Periodista y catedrático

Llegó el día. Este 3 de febrero los salvadoreños elegirán un nuevo presidente y si la tendencia se impone el que obtendrá más votos será Nayib Bukele. Si le alcanzarán o no para ganar en primera vuelta es otro tema de discusión, pero lo que hoy nos trae a esta columna es una verdad tan ineludible como los resultados de las encuestas presentadas durante los últimos meses: Bukele puede ganar y ser presidente con amplia ventaja, pero no puede gobernar solo.

Lamento si usted es de los que cree que al elegir un nuevo presidente El Salvador se convertirá en un país de primer mundo de la noche a la mañana o que todo cambiará con un chasquido del nuevo mesías. No, no es así y nunca lo será. Me explico. Vivimos en una República y tal como lo expresa el artículo 86 de nuestra Constitución hay tres órganos fundamentales que deben interactuar, quieran o no, para gobernar esto que llamamos Estado salvadoreño.

El próximo presidente estará únicamente a cargo del Órgano Ejecutivo y para cumplir con muchas de sus promesas de campaña deberá encontrar el apoyo del Órgano Legislativo, representado por la actual Asamblea Legislativa. Además, tendrá que tener cuidado de no alterar el orden constitucional y no violar las leyes, un ángulo que le toca defender al Órgano Judicial, la actual Corte Suprema de Justicia.

¿Tiene Nayib Bukele o cualquier otro candidato en contienda, llámese Carlos Calleja o Hugo Martínez, los ingredientes necesarios para lograr ese consenso entre todas las partes?

Nayib Bukele ha estado arriba en todas las encuestas desde enero de 2018, según demostró el análisis de la Unidad de Tendencia Electoral del Departamento de Comunicaciones y Cultura de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Pero mientras el candidato de GANA despuntaba en las estadísticas, las piezas políticas se movían aparentemente en su contra.

GANA, el partido que lo abandera, participó en una negociación turbia en la Asamblea Legislativa para elegir a los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Cuatro de ellos fueron a parar a la Sala de lo Constitucional y el resultado fue un Órgano Judicial al que a los analistas han señalado de estar conformado por cuotas partidarias, pero en especial por cuotas de derecha. Sí, por los mismos de siempre que Bukele tanto atacó en su campaña presidencial.

Y tomando en cuenta la relevancia que ha tenido la Sala de lo Constitucional durante los últimos años, no es utópico pronosticar que una futura presidencia de Nayib Bukele podría encontrarse con varios procesos legales abiertos y con varias denuncias de sus futuros opositores.

Eso nos lleva también a la medición de fuerzas en la Asamblea Legislativa. Bukele, en su plan de gobierno al que ha llamado Plan Cuscatlán, ofrece varias propuestas que deberán pasar por el Salón Azul antes que se echen a andar, como la propuesta de aumentar de 8 a 10 por ciento el Fondo de Desarrollo Económico y Social de El Salvador (FODES), el cual se destina a las alcaldías de los 262 municipios del país.

Pero el FODES depende del presupuesto general de la nación y los cambios en este únicamente los puede aprobar la Asamblea Legislativa, formada en estos momentos por 37 diputados de ARENA, 23 del FMLN, 9 del PCN, 3 del PDC, 1 del CD, un diputado independiente y  solo 10 de GANA.

Otra vez la correlación de fuerzas no está a favor de Bukele, sobre todo cuando él mismo, a pesar de competir bajo la bandera de GANA durante estas elecciones, se ha encargado de afirmar una y otra vez que no pertenece a un partido y ha asegurado que no obedecerá órdenes de ningún partido político.

Luego está el gabinete de gobierno. El próximo presidente debe nombrar a 7 encargados de las distintas secretarías que existen en el órgano ejecutivo, 14 encargados de ministerios y otros tantos funcionarios que deben dirigir las autónomas y las empresas públicas.

Si Bukele finalmente gana, ¿podrá reunir a un extenso equipo sin otorgar más de una plaza al partido que lo abandera? Guillermo Gallegos, uno de los máximos dirigentes de GANA, avisó en un par de entrevistas televisivas que como partido esperan representatividad en un eventual gobierno, lo que es igual a decir que esperan un pago por lo que han hecho hasta hoy.

Muestra de esa estrategia de exclusión que Nayib Bukele hizo de la marca GANA son los resultados del Cuarto Informe del Monitoreo al Gasto de Campaña Electoral, realizado por Acción Ciudadana y presentado el 31 de enero. El análisis demuestra que tanto Carlos Calleja y Hugo Martínez, sus más cercanos contendientes según las encuestas, incluyeron las referencias a sus partidos en las campañas, destacando los nombres de ARENA y FMLN en varios de sus spots, con sus colores y varias de sus figuras.

Pero los spots de Nayib Bukele en los medios de comunicación no hacen referencia a GANA, ni al tradicional color naranja de este partido. El nombre del partido político no tuvo peso y el movimiento político cambio sus colores y distintivos en redes sociales para adoptar una bandera celeste con una golondrina. Ni Bukele acudió a los actos de GANA, ni dirigentes de GANA a los del candidato, evidenciando un matrimonio de conveniencia. Y esa pareja de enamorados, aparentemente tampoco estable, podrían pelearse una vez vivan bajo el mismo techo, el de Casa Presidencial.

Portada de la Fanpage oficial de GANA, con los colores de Nuevas Ideas. No hay referencias a los viejos colores del partido.

Sumemos todavía más contrapesos. A finales de noviembre, cuando Bukele obtenía sus más altos porcentajes de preferencia (la encuesta de TResearch le dio el 57 % de intención de voto contra el 31 % de Calleja), en la Asamblea Legislativa se elegía a Raúl Melara como nuevo fiscal general de la república. La decisión fue ampliamente criticada porque Melara aparece en fotografías donde demuestra su clara preferencia por Carlos Calleja y su afiliación al partido ARENA, motivo que incluso llevó a que un sector de representantes de la sociedad interpusiera una demanda de inconstitucionalidad contra su nombramiento.

Bukele insiste en que su candidatura es fruto del movimiento Nuevas Ideas, un partido que intentó fundar antes de las presentes elecciones, pero que no logró consolidar debido a varios procesos dilatados en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) al cual también acusa de estar en su contra. Lo cierto es que Nuevas Ideas, hoy por hoy, no existe: no tiene diputados en la Asamblea, no tiene alcaldes, ni tiene representatividad real. Es un fantasma, una maquinaria que no arranca porque no tiene motor propio. Para funcionar su única vía fue unirse a GANA y deberá seguir así al menos hasta 2021, cuando se realicen las próximas elecciones legislativas y cuando el presidente ya lleve dos años en el cargo.

Puestas sobre la mesa todas estas cartas, resulta obvio que Nayib Bukele miente. Lo hace al prometerle a sus seguidores que toda la gobernabilidad de este país dependerá únicamente de él si logra llegar a la presidencia. Eso no puede hacerlo él, ni ningún otro candidato que resulte vencedor este 3 de febrero. Cuando usted vote este domingo deberá considerar si vota por un espejismo o si decide hacer un análisis más profundo sobre el panorama que encontrará el próximo ganador.

La política salvadoreña, la actual situación del país, no necesita de alguien que piense que tendrá el poder supremo, que aspire a ser el rey tuerto en tierra de ciegos. Lo que El Salvador necesita es alguien que cree consensos y que se rodee de las personas idóneas, de las que estén convencidas que el poder público emana únicamente del pueblo y que el poder es para el pueblo, no para vanagloria de un solo hombre.

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