Carlos Monterroza: “que un candidato tenga más del 50 % de votos en primera vuelta es complicado”

El especialista en política salvadoreña analiza la tendencia electoral de cara a las elecciones del 3 de febrero y opina sobre los niveles de desconfianza que tiene el Tribunal Supremo Electoral.

Crédito: Fernando Polío

Carlos Monterroza ha estudiado por muchos años la política en El Salvador y es ya un nombre propio en esa esfera. Por ello era necesario un análisis de su calibre para reflejar lo que puede pasar en las elecciones presidenciales del próximo 3 de febrero.

Desde el departamento de sociología y ciencias políticas de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), Monterroza analiza los resultados de las encuestas antes de las elecciones y cómo han marcado a la importante cita electoral. En esta primera parte habla del factor Nayib Bukele, de las posibilidades de ganar en primera vuelta y la razón por la cual hay poca confianza en el Tribunal Supremo Electoral.

Carlos Monterroza, especialista en política salvadoreña

Todas las encuestas dan como ganador de las elecciones presidenciales a Nayib Bukele, ¿qué crees que le hace tan popular?

Creo que la popularidad viene marcada por la antipatía o el desprestigio que tienen los adversarios, los partidos políticos ARENA y FMLN. En campaña la noción de cambio o alguien distinto al “estatus quo” siempre genera tensión al electorado.

El candidato suele ser, si no es la mitad, al menos dos tercios (de las preferencias). Entonces resulta atractivo para el elector cuando le presentan algo distinto, respecto a lo que viene compitiendo o lo que ya está definido. Parte de la popularidad viene un poco en utilizar ese mensaje de la construcción del “cambio” en la figura del candidato.

En este caso, para esta campaña electoral,  la particularidad viene también de utilizar una forma de comunicar distinta. Me refiero al lenguaje de las tecnologías, para tirarle a un segmento poblacional más joven, los llamados “Millenials”, para tratar de hacer énfasis en esos grupos, sin dejar de lado al grupo tradicional los adultos y adultos mayores. Pero creo que es una combinación también del entorno en el que estamos actualmente. Creo que esas series de puntos van construyendo la popularidad como tal. También hay una realidad, que tiene que ver con estar en la boca de la gente. Muestra de eso es que en un debate presidencial hagan mucha insistencia en el candidato que no fue. Estaban los que estaban y con esos tres lo hacían, pero la insistencia del podio vacío llamaba la atención. Entonces, creo que esta lógica de estar de boca en boca le ha dado resultado.

No hay que obviar que Nayib Bukele viene haciendo una construcción de su imagen y de su perfil desde que estaba en Nuevo Cuscatlán. Ahí es como empezó hacer varías cosas, que en principio, se podría ver como extrañas, pero eso va sumando. Irse al “Tagadá”,  hacer retos con otras personas de un segmento, entre otras cosas. Le apuntó a un segmento específico y es como ir sumando e ir sumando para ganar popularidad.

¿Ha influido mucho la estrategia de comunicación de Nayib Bukele durante la campaña electoral?

Nayib utiliza muchas figuras dependiendo de las circunstancias. Por ejemplo, lo que pasó con lo de Nuevas Ideas, cuando el Tribunal Supremo Electoral le negó la inscripción, entonces usó mucho la figura de la victimización, al modo “me atacan porque soy distinto a los que están en competencia”. Entonces, la victimización resulta como un recurso y a la gente se va ir con aquel que se ve más vulnerado o aquel que se ve más atacado. Hay un tema de mostrarse como la víctima, pero a la a vez mostrarse como distinto.

Otra parte de la estrategia, una que puede ser contraproducente, es el énfasis solo en él. Las campañas suelen ser muy personalizadas porque se busca destacar la figura del candidato o candidata a la presidencia. Pero en este caso en particular, a diferencia del FMLN, ARENA y VAMOS, la figura del compañero o compañera de fórmula destaca en el caso de ARENA, del FMLN y VAMOS. En alguna manera estas personas tratan de mostrar algún tipo de vinculación que existe entre ellos como una pareja. En cambio, Nayib con Félix Ulloa es distinto, Ulloa solo es un acompañante, nada más. El problema con eso es que se da una idea de que él está al frente del Gobierno y lo resolverá todo, pero el Órgano Ejecutivo lo constituye más o menos 12 o 13 Ministerios, sin contar los mandos medios, la burocracia y los otros Órganos del Estado. Ese es el riesgo de tratar de jalar solo para la figura de una sola persona.

El último aspecto es que hay un alto componente de publicidad, de marketing. Se nota que tratan de usar un lenguaje moderno, escenografía, tomas, toda una serie de componentes de marketing que dan resultado si tratás de presentar las cosas de forma atractiva visualmente para la gente, pero que no ofrece verdaderas soluciones.

En base a las encuestas y los datos que hasta hoy se han revelado, ¿cómo crees que será la participación de la población en las elecciones del 3 de febrero?

Eso lo vamos a constatar el día de las elecciones. En esta ocasión tenemos tres contendientes que pueden tener un caudal de votos interesante, a diferencia de las anteriores. En las elecciones cuando participó Antonio Saca (2004), él salió en el último tramo dentro de la carrera por la presidencial pero tuvo buena convocatoria y al final obtuvo un poco más de 300 mil votos. Ahorá tenés un contendiente, que es Nayib Bukele, que podría lograr entre 800 mil a 1 millón de votos. Por lo menos tener 700 mil puede asegurarle una segunda vuelta.

El otro factor es que ahora hay un FMLN bastante afectado por los resultados de la elección municipal y legislativa y llega descompensado electoralmente. Ahí es donde probablemente Bukele podría aprovechar  algún segmento de la gente que se identifica como de izquierda o como un elector de izquierda, centro izquierda y hasta algunos de centro derecha para votar por él.

ARENA, que es el otro factor, viene de una elección interna que le generó más fisuras de lo que se podría creer, con la disputa entre Carlos Calleja y Javier Simán. Esas fisuras marcaron también descontentos y manifestaciones de rechazo o en algunos casos de malestar de gente del partido que apoyaba a Simán. Eso podría afectarles.

¿Crees que hay un panorama para una segunda vuelta en estas elecciones?

Es un poco complicado tratar de definir si habrá o no segunda vuelta. La gente en las encuestan te da, por ejemplo, una intensión, pero que se materialice o que tenga correspondencia con el resultado electoral es muy difícil de afirmar y en algunos caso puede ser muy forzado.

Claramente hay que tener en cuenta que hay momentos de elección que son más tensas y, sobre todo, cuando la competencia suele ser menor. Por decirte dos ejemplos: en la elección de 1994 ARENA no ganó ni siquiera por décimas de votos, ósea, no fueron ni siquiera por entero de votos, fue por décimas. ARENA en las elecciones de 1994 obtuvo el 49.10% del voto y el FMLN como menos del 30%. El punto es que había una diferencia, pero no la suficiente para ganar en primera vuelta. Tuvieron que ir a segunda vuelta y en segunda vuelta ganó ARENA. Luego me voy a las elecciones de 2014, veinte años después. En esa elección por lo menos Salvador Sánchez Cerénganó en la primera vuelta, pero no obtuvo la mayoría necesaria para ser presidente, o corrijo, obtuvo la mayor cantidad de votos pero no logró la mitad más uno para ganar la elección como tal. Se van a segunda vuelta y el electorado de Tony Saca se movió más a la derecha y la diferencia fue de 6 mil votos.

Esta vez la gente de Bukele apela a ganar en primera vuelta. Pero una de las particularidades es que en escena va un tercero con posibilidades fuertes de ganar, pero que eso se va a constatar a la hora de votar, ahí se va a ver ciertamente cuánto es el músculo electoral que tenés. Obviamente tener más de 50 % está complicado. El asunto es quiénes se irán a segunda vuelta. Vos podés decir que el escenario más lógico puede ser Nayib Bukele contra Carlos Callejas. Pero también está el hecho de que ARENA no levanta mucho en las encuestas y el candidato como tampoco y no sabés si el FMLN puede convertirse en el segundo partido para ir a segunda vuelta.

La última encuesta del IUDOP revela que hay cerca del 84 % de percepción de fraude en las elecciones y que hay muy poca confianza en el Tribunal Supremo Electoral, ¿es tan posible un fraude?

La confianza en el Tribunal ha venido en detrimento. El Tribunal fue una de las instituciones que con la firma de los Acuerdos de Paz tenía como principal reto garantizar elecciones transparentes. El tribunal, con el paso de los años, fue ganando confianza, a pesar que su posición es partidaria. Por lo menos, no eran de las instituciones con mayor desconfianza, sino, de a poco se fue ganando eso: dando resultados electorales a tiempo, garantizando la confianza de los partidos políticos y a la vez garantizar la confianza a los partidos. Siempre se dan fallos en procesos electorales, pero una cosa son los fallos con intenciones que llamamos fraudes, lo cual en este momento no aplica. Hay factores que no dependen solamente del Tribunal, como las listas abiertas, el voto cruzado, el tema del registro de los votos como tal, el llenado de las actas. En 2015 hubo una combinación de varios errores administrativos y en 2018 pasó el tema de la empresa que transmitía los daros, el error que se dio con el famoso “scrib”, que fue error de la empresa y no del Tribunal. El Tribunal contrató a la empresa, quien asume la responsabilidad es la empresa, pero quien pone la cara también es el Tribunal, ese es un asunto. También está la falta de claridad en algunos procesos. Sobre todo el seguimiento del Tribunal en los financiamientos de los partidos políticos, en brindar información y hacerla de acceso público, ese tipo de cosas a veces, también, no genera mucha confianza.

Carlos Monterroza ha estudiado por muchos años la política en El Salvador y es ya un nombre propio en esa esfera. Por ello era necesario un análisis de su calibre para reflejar lo que puede pasar en las elecciones presidenciales del próximo 3 de febrero.

Desde el departamento de sociología y ciencias políticas de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), Monterroza analiza los resultados de las encuestas antes de las elecciones y cómo han marcado a la importante cita electoral. En esta primera parte habla del factor Nayib Bukele, de las posibilidades de ganar en primera vuelta y la razón por la cual hay poca confianza en el Tribunal Supremo Electoral.

Todas las encuestas dan como ganador de las elecciones presidenciales a Nayib Bukele, ¿qué crees que le hace tan popular?

Creo que la popularidad viene marcada por la antipatía o el desprestigio que tienen los adversarios, los partidos políticos ARENA y FMLN. En campaña la noción de cambio o alguien distinto al “estatus quo” siempre genera tensión al electorado.

El candidato suele ser, si no es la mitad, al menos dos tercios (de las preferencias). Entonces resulta atractivo para el elector cuando le presentan algo distinto, respecto a lo que viene compitiendo o lo que ya está definido. Parte de la popularidad viene un poco en utilizar ese mensaje de la construcción del “cambio” en la figura del candidato.

En este caso, para esta campaña electoral,  la particularidad viene también de utilizar una forma de comunicar distinta. Me refiero al lenguaje de las tecnologías, para tirarle a un segmento poblacional más joven, los llamados “Millenials”, para tratar de hacer énfasis en esos grupos, sin dejar de lado al grupo tradicional los adultos y adultos mayores. Pero creo que es una combinación también del entorno en el que estamos actualmente. Creo que esas series de puntos van construyendo la popularidad como tal. También hay una realidad, que tiene que ver con estar en la boca de la gente. Muestra de eso es que en un debate presidencial hagan mucha insistencia en el candidato que no fue. Estaban los que estaban y con esos tres lo hacían, pero la insistencia del podio vacío llamaba la atención. Entonces, creo que esta lógica de estar de boca en boca le ha dado resultado.

No hay que obviar que Nayib Bukele viene haciendo una construcción de su imagen y de su perfil desde que estaba en Nuevo Cuscatlán. Ahí es como empezó hacer varías cosas, que en principio, se podría ver como extrañas, pero eso va sumando. Irse al “Tagadá”,  hacer retos con otras personas de un segmento, entre otras cosas. Le apuntó a un segmento específico y es como ir sumando e ir sumando para ganar popularidad.

¿Ha influido mucho la estrategia de comunicación de Nayib Bukele durante la campaña electoral?

Nayib utiliza muchas figuras dependiendo de las circunstancias. Por ejemplo, lo que pasó con lo de Nuevas Ideas, cuando el Tribunal Supremo Electoral le negó la inscripción, entonces usó mucho la figura de la victimización, al modo “me atacan porque soy distinto a los que están en competencia”. Entonces, la victimización resulta como un recurso y a la gente se va ir con aquel que se ve más vulnerado o aquel que se ve más atacado. Hay un tema de mostrarse como la víctima, pero a la a vez mostrarse como distinto.

Otra parte de la estrategia, una que puede ser contraproducente, es el énfasis solo en él. Las campañas suelen ser muy personalizadas porque se busca destacar la figura del candidato o candidata a la presidencia. Pero en este caso en particular, a diferencia del FMLN, ARENA y VAMOS, la figura del compañero o compañera de fórmula destaca en el caso de ARENA, del FMLN y VAMOS. En alguna manera estas personas tratan de mostrar algún tipo de vinculación que existe entre ellos como una pareja. En cambio, Nayib con Félix Ulloa es distinto, Ulloa solo es un acompañante, nada más. El problema con eso es que se da una idea de que él está al frente del Gobierno y lo resolverá todo, pero el Órgano Ejecutivo lo constituye más o menos 12 o 13 Ministerios, sin contar los mandos medios, la burocracia y los otros Órganos del Estado. Ese es el riesgo de tratar de jalar solo para la figura de una sola persona.

El último aspecto es que hay un alto componente de publicidad, de marketing. Se nota que tratan de usar un lenguaje moderno, escenografía, tomas, toda una serie de componentes de marketing que dan resultado si tratás de presentar las cosas de forma atractiva visualmente para la gente, pero que no ofrece verdaderas soluciones.

En base a las encuestas y los datos que hasta hoy se han revelado, ¿cómo crees que será la participación de la población en las elecciones del 3 de febrero?

Eso lo vamos a constatar el día de las elecciones. En esta ocasión tenemos tres contendientes que pueden tener un caudal de votos interesante, a diferencia de las anteriores. En las elecciones cuando participó Antonio Saca (2004), él salió en el último tramo dentro de la carrera por la presidencial pero tuvo buena convocatoria y al final obtuvo un poco más de 300 mil votos. Ahorá tenés un contendiente, que es Nayib Bukele, que podría lograr entre 800 mil a 1 millón de votos. Por lo menos tener 700 mil puede asegurarle una segunda vuelta.

El otro factor es que ahora hay un FMLN bastante afectado por los resultados de la elección municipal y legislativa y llega descompensado electoralmente. Ahí es donde probablemente Bukele podría aprovechar  algún segmento de la gente que se identifica como de izquierda o como un elector de izquierda, centro izquierda y hasta algunos de centro derecha para votar por él.

ARENA, que es el otro factor, viene de una elección interna que le generó más fisuras de lo que se podría creer, con la disputa entre Carlos Calleja y Javier Simán. Esas fisuras marcaron también descontentos y manifestaciones de rechazo o en algunos casos de malestar de gente del partido que apoyaba a Simán. Eso podría afectarles.

¿Crees que hay un panorama para una segunda vuelta en estas elecciones?

Es un poco complicado tratar de definir si habrá o no segunda vuelta. La gente en las encuestan te da, por ejemplo, una intensión, pero que se materialice o que tenga correspondencia con el resultado electoral es muy difícil de afirmar y en algunos caso puede ser muy forzado.

Claramente hay que tener en cuenta que hay momentos de elección que son más tensas y, sobre todo, cuando la competencia suele ser menor. Por decirte dos ejemplos: en la elección de 1994 ARENA no ganó ni siquiera por décimas de votos, ósea, no fueron ni siquiera por entero de votos, fue por décimas. ARENA en las elecciones de 1994 obtuvo el 49.10% del voto y el FMLN como menos del 30%. El punto es que había una diferencia, pero no la suficiente para ganar en primera vuelta. Tuvieron que ir a segunda vuelta y en segunda vuelta ganó ARENA. Luego me voy a las elecciones de 2014, veinte años después. En esa elección por lo menos Salvador Sánchez Cerénganó en la primera vuelta, pero no obtuvo la mayoría necesaria para ser presidente, o corrijo, obtuvo la mayor cantidad de votos pero no logró la mitad más uno para ganar la elección como tal. Se van a segunda vuelta y el electorado de Tony Saca se movió más a la derecha y la diferencia fue de 6 mil votos.

Esta vez la gente de Bukele apela a ganar en primera vuelta. Pero una de las particularidades es que en escena va un tercero con posibilidades fuertes de ganar, pero que eso se va a constatar a la hora de votar, ahí se va a ver ciertamente cuánto es el músculo electoral que tenés. Obviamente tener más de 50 % está complicado. El asunto es quiénes se irán a segunda vuelta. Vos podés decir que el escenario más lógico puede ser Nayib Bukele contra Carlos Callejas. Pero también está el hecho de que ARENA no levanta mucho en las encuestas y el candidato como tampoco y no sabés si el FMLN puede convertirse en el segundo partido para ir a segunda vuelta.

La última encuesta del IUDOP revela que hay cerca del 84 % de percepción de fraude en las elecciones y que hay muy poca confianza en el Tribunal Supremo Electoral, ¿es tan posible un fraude?

La confianza en el Tribunal ha venido en detrimento. El Tribunal fue una de las instituciones que con la firma de los Acuerdos de Paz tenía como principal reto garantizar elecciones transparentes. El tribunal, con el paso de los años, fue ganando confianza, a pesar que su posición es partidaria. Por lo menos, no eran de las instituciones con mayor desconfianza, sino, de a poco se fue ganando eso: dando resultados electorales a tiempo, garantizando la confianza de los partidos políticos y a la vez garantizar la confianza a los partidos. Siempre se dan fallos en procesos electorales, pero una cosa son los fallos con intenciones que llamamos fraudes, lo cual en este momento no aplica. Hay factores que no dependen solamente del Tribunal, como las listas abiertas, el voto cruzado, el tema del registro de los votos como tal, el llenado de las actas. En 2015 hubo una combinación de varios errores administrativos y en 2018 pasó el tema de la empresa que transmitía los daros, el error que se dio con el famoso “scrib”, que fue error de la empresa y no del Tribunal. El Tribunal contrató a la empresa, quien asume la responsabilidad es la empresa, pero quien pone la cara también es el Tribunal, ese es un asunto. También está la falta de claridad en algunos procesos. Sobre todo el seguimiento del Tribunal en los financiamientos de los partidos políticos, en brindar información y hacerla de acceso público, ese tipo de cosas a veces, también, no genera mucha confianza.

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